El piano vertical siempre nos toca subirlo a pulso, y esta v
El piano vertical siempre nos toca subirlo a pulso, y esta vez tocó en un tercero sin ascensor grande, muy cerca de la Plaza de Castilla.
Era en la Avenida de Ramón y Cajal, una de las mudanzas nacionales entre ciudades que llevamos meses preparando con la familia por WhatsApp, porque salían hacia Valencia esa misma tarde. El piano no entraba por el hueco de la escalera, así que tocó sacarlo por el balcón con cuerdas y dos hombres abajo sujetando. Media hora larga, con el brazo notándolo al día siguiente.
Este tipo de trabajos es donde más se ve el oficio de un servicio de mudanzas en Madrid. No es solo cargar cajas y conducir. Es calcular el peso de un mueble sin báscula, saber qué furgón aguanta la curva de un garaje estrecho, y llevar la lista repasada dos veces antes de salir.
Quince años en esto. Empezamos con una sola furgoneta en Chamartín y hoy coordinamos mudanzas grandes por toda la zona norte, aunque el reto técnico sigue siendo el mismo: bajar lo que no cabe sin dejar una marca en la pared.
El peso lo dice el brazo, no la báscula. Eso lo aprendimos rápido.
Si tienes un piano, un armario de dos cuerpos o algo que no calculas bien de tamaño, dínoslo antes del día de la mudanza. Se prepara distinto.
Javier, de Mudanzas Sanchinarro